La humanidad entera no acabe de salir de su asombro, al constatar cómo la espantosa dimensión criminal de los actos perpetrados por el gobierno israelí desde noviembre del 2023, no está recibiendo una respuesta contundente, por parte de sus dirigentes. En particular, muy pocos dirigentes occidentales parecen interesados en actuar rotundamente para detener las barbaridades protagonizadas por el ejercito sionista, en claro contraste con la serie de medidas adoptadas por el "Occidente colectivo", contra la Federación Rusa, a raíz de la invasión de Ucrania.
Esta vergonzosa impunidad, de la que parece gozar el gobierno de Netanyahu, debe de tener alguna explicación coherente, objetiva, profunda y posiblemente, en muchos aspectos, inconfesable para gran parte de la élite política mundial, frecuentemente auto-proclamada "comunidad internacional".
Son estos posibles motivos que el presente texto intentará identificar, desde el análisis de los tres principales componentes de las relaciones de poder entre estados: el militar, el económico-financiero y el mediático-cultural. Este análisis viene precedido por un sucinto recordatorio de lo que es la breve historia del estado de Israel.
1/ CREACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL: CULMINACIÓN DEL IDEAL SIONISTA
El estado de Israel es un estado muy joven, que no ha cumplido todavía el siglo de existencia. Su creación, en 1948, constituye la materialización de los objetivos políticos de una ideología formulada en la segunda mitad del siglo XIX por el judío austro-húngaro Theodor Herzl: el sionismo.
Rechazando la asimilación de las comunidades judías a las sociedades europeas de acogida, el sionismo, inspirado por el nacionalismo europeo y su lema: "un pueblo, un estado", reivindica la creación de un "hogar para los judíos" en territorio palestino, territorio que el pueblo hebreo considera como suyo por haberle sido "otorgado por Dios" .
Desde el siglo XVI, aquel territorio estaba bajo el dominio del imperio otomano. En él convivían en buena armonía una minoría judía (3%) y otra cristiana (9%), con una mayoría de población musulmana (85%) palestina, árabe y turca. Actualmente, la población del estado de Israel cuenta con un 75% de judíos, 20% de musulmanes y un 5% restante compartido por cristianos, otras confesiones y a-confesionales.
En 1882, comenzó la emigración de judíos europeos, procedentes principalmente desde Rusia y Europa central, hacia el territorio palestino. En 1902 se creó en Londres el Banco Anglo-palestino dedicado a financiar la adquisición de tierras y la actividad económica de los emigrantes sionistas. Las autoridades turcas locales se beneficiaron de estas inversiones, sin dar pie a ninguna tipo de concesión de carácter político.
La primera guerra mundial (1914-1918) vino a cambiar esta situación. Derrotado el imperio otomano, el Reino Unido y Francia se hicieron con el control de los territorios de oriente próximo: mandato de Líbano y Siria para los franceses, mandato de Palestina y Transjordania para los ingleses. Se abrió entonces un nuevo escenario para el sionismo. Ya en 1917 se produjo en Londres, la famosa declaración Balfour que apoyaba la creación de una "patria judía" en el Mandato Británico de Palestina. En 1922 fue la propia Sociedad de Naciones que garantizó el establecimiento de un "Hogar Nacional Judío" en Palestina.
Estas medidas impulsaron la llegada de judíos europeos al territorio y pronto empezaron a surgir enfrentamientos con la población local. En abril de 1920 se produjo un serio disturbio en Jerusalén con resultado de muerte para 5 judíos y 4 musulmanes, además de cientos de heridos en ambas comunidades. Los sionistas crearon entonces Haganá, su primera organización paramilitar, sobre la base de grupos de autodefensa que ya actuaban desde 1902. Desde entonces los enfrentamientos, de diversas gravedades y alcances, no han cesado de producirse. En 1931 se creó una nueva organización, el Irgún, pronto considerada organización terrorista por las autoridades del Mandato, que atenta contra palestinos de manera indiscriminada, junto con otras organizaciones sionistas radicales como Betar o Leji. Algunos de estos grupos atentan incluso contra intereses británicos.
Conocida como "la gran revuelta" y coincidiendo en el tiempo con la guerra civil española, entre 1936 y 1939, diversos grupos palestinos lucharon para intentar acabar con la colonización británica, el sionismo y la venta de tierras a los inmigrantes judíos. Fueron duramente derrotados. Murieron mas de 5.000 palestinos y mas de 14.000 fueron heridos de gravedad. Cientos de judíos y de soldados británicos también murieron. En 1939 el ministerio de las colonias del Reino Unido publicó un Libro Blanco que consiguió enfadar por igual a ambos bando e incluso llevo el Irgún a atentar directamente contra los británicos. Mientras en Europa, Hitler avanzaba con sus proyectos anexionistas, provocando el estallido de la segunda guerra mundial. Todas las fuerzas sionistas se volcaron entonces en apoyo al Reino Unido y a sus aliados, mientras algunos grupos palestinos confraternizaron con los alemanes.
Al finalizar el conflicto y hacerse público el horror del holocausto, llegó el momento decisivo para el movimiento sionista. Sus organizaciones paramilitares volvieron, desde 1944, a actuar contra las fuerzas británicas, acusándoles de no implementar la declaración Balfour y de perpetuar las controvertidas resoluciones del Libro Blanco. En 1947, una resolución de la ONU propuso la partición del territorio del Mandato británico en dos estados, uno árabe y otro judío. La resolución, rechazada por Irgún pero aceptada en primera instancia por la mayoría de las organizaciones sionistas, fue también rechazada por los palestinos y los estados árabes. Estalló entonces nuevamente una auténtica guerra civil, con intervención de fuerzas procedentes de los países árabes vecinos, en la que murieron cientos de palestinos, judíos y británicos. Finalizó el Mandato británico en mayo de 1948 y el día 14 del mismo mes, el líder sionista David Ben-Gurion declaró la independencia del estado de Israel, siendo reconocido de inmediato por el gobierno estadounidense.
A partir de allí, las sucesivas guerras y consiguientes victorias, proporcionadas por una evidente superioridad militar, permitieron a Israel incrementar su territorio mucho mas allá de lo dispuesto en la propuesta de partición de la ONU. Los actual conflictos en Gaza, en Líbano, en Siria se inscriben en este contexto, donde las facciones sionistas mas radicales están imponiendo sus criterios, que suponen la negación de cualquier estado palestino y la incorporación por la fuerza de todo el territorio revindicado como parte del "gran Israel".
2/ EL PODER MILITAR DE ISRAEL
Desde primera hora, los sionistas fueron conscientes de que su proyecto no era aceptado por la mayoría de los habitantes palestinos y que tendrían por tanto que actuar en un medio de carácter hostil. Como acabamos de ver, ya en el año 1902, las primeras colonias sionistas en Palestina implementaron unidades de auto-defensa, para enfrentar las agresiones perpetradas por algunos sectores de la población local, molesta por sus actuaciones, en termino de apropiación de tierras, bienes y recursos.
Enseguida surgió la necesidad de desarrollar fuerzas para-militares. En 1920 se fundó Haganá, en 1931 Irgún, en 1940 Lejí, en 1944 una Brigada Judía, integrada en el ejercito británico en el marco de la segunda guerra mundial. En 1948, con la proclamación de la independencia, todas estás organizaciones se integraron en las Fuerzas de Defensa de Israel (Tzahal), formando el actual ejercito sionista.
Empezó entonces un importante desarrollo del potencial militar del nuevo estado, hasta el punto que se puede afirmar que Israel es, de hecho, un estado profundamente militarizado. Prácticamente toda la población está sujeta a un servicio militar obligatorio, de 3 años de duración para los varones y de 2 años para las mujeres, antes de pasar a formar parte de la reserva. De esta manera, el ejercito está presente, de forma permanente y sistemática, en la vida de todo ciudadano israelí.
A nivel profesional, en Tzahal encuentran su sitio militares procedentes de prácticamente todos los ejércitos occidentales, europeos como americanos, con los que suelen conservar estrechos lazos personales y consiguen fomentar, en muchos casos, una discreta pero eficaz colaboración institucional. Este hecho se vuelve particularmente relevante en el campo de los servicios de inteligencia. El Mossad, servicio de inteligencia exterior, actúa de forma permanente, apoyado en la diáspora y en el firme sostén que le proporciona, en todos los países, un potente lobby sionista claramente dotado de gran influencia política y económica.
Tzahal ocupa el puesto nº15 en el ranking de los ejércitos mas poderosos del mundo y el gobierno destina un 20% de su presupuesto a su mantenimiento, lo que representa un 9% del Producto Interior Bruto. El sector industrial de defensa cuenta en la actualidad con mas de 150 empresas, 3 de ellas entre las mas importantes del mundo, e Israel es el sexto exportador de armas a nivel planetario. Mantiene por tanto importantes acuerdos comerciales con numerosos países, en Europa, Sureste asiático, India, África, América del norte y del sur, e incluso con países árabes de su entorno. Se puede decir que el abastecimiento de muchos ejércitos es radicalmente dependiente de la producción armamentística israelí, en particular en relación con sectores tecnológicos avanzados y de software informático.
Todos estos hechos otorgan al estado de Israel un poder considerable en el ámbito militar mundial, sin comuna mesura con lo reducido de su territorio y lo escaso de su población. Y este poder, a la vez, proporciona al estado no solo una importante fuente de ingresos sino también un reclamo poderoso para alentar y garantizar inversiones extranjeras, en particular por parte de las mayores multinacionales occidentales, americanas y europeas.
3/ EL PODER ECONÓMICO-FINANCIERO DE ISRAEL
Desde 1902 los primeros sionistas dispusieron del respaldo financiero del Banco Anglo-palestino, actual Banco Leumi, la mayor entidad financiera israelí. A nivel particular, cada año fue creciendo el aporte de capital por parte de las comunidades judías de Europa y América. Estas aportaciones fueron facilitadas a partir de 1920 por la administración del Mandato Británico que, aunque trató de limitar la adquisición de tierra por parte de los judíos, permitió la creación de un solido tejido industrial urbano, con la creación de las primeras empresas textiles, mineras, energéticas y agro-alimentarias.
Durante la segunda guerra mundial, estas industrias experimentaron un rápido desarrollo, enfocado principalmente en atender las necesidades militares del Mandato. Sin embargo la guerra civil desatada tras la proclamación de la independencia, en 1948, y la llegada masiva de inmigrantes sobrevivientes de la Shoah, trajeron al país una severa crisis económica, con elevada cuota de desempleo y especial falta de divisas. Luego, en la década de los 50, gracias al pago por parte de Alemania occidental de una compensación económica de 111.500 millones de dólares a lo largo de 14 años y a la emisión de Bonos destinados a las comunidades judías de la diáspora, principalmente en EEUU y Canadá, el nuevo estado logró alcanzar la autosuficiencia económica para abordar la década de los 60.
No hay duda de que el poder económico global de Israel está estrechamente relacionado con las actividades y el aporte de la diáspora. Hay que tener en cuenta que la totalidad de la población judía en el mundo no alcanza los 16.000.000 de individuos y que menos de la mitad (unos 6.800.000) viven en Israel. Los EEUU (5.200.000), Francia (400.000), Reino Unido (273.000), Ucrania (260.000), Argentina (175.000), Rusia (145.000 ) y Canadá (140.000) son los países con mayor población judía. Existen además comunidades judías en un centenar de países y todos sus miembros, de una manera directa u indirecta, tienen algún tipo de relaciones con Israel, compartan o no, a nivel individual, los postulados de la ideología sionista.
Estas comunidades, y en particular las estadounidenses, donde muchos miembros gozan de doble nacionalidad, aportan un sostén económico vital, en parte con la adquisiciones masivas de los bonos emitidos por el gobierno pero, sobre todo, facilitando y gestionando eficazmente las inversiones de las empresas israelís en sectores estratégicos de los países de acogida como son: defensa, finanzas, alta tecnología, agroalimentario, cultura, entretenimiento y comunicaciones.
4/ EL PODER CULTURAL DE ISRAEL
Culturalmente, no se puede obviar de que tanto la civilización cristiana que impera en Occidente, Sudamérica y Rusia, como la totalidad de la civilización musulmana, hunden sus raíces en la tradición espiritual hebrea. El Dios de la Biblia y todas las historias relativas a los descendientes del patriarca Abraham, son referentes comunes, ineludibles, del credo de las tres religiones, a parte de constituir una fuente inagotable de controversias y de conflictos doctrinales.
No hay duda pues de que está realidad histórica otorga al pueblo judío, y por extensión al estado sionista, una cierta prevalencia, o relevancia, intelectual como espiritual, en las culturas de una gran mayoría de los estados del planeta. Este hecho se manifiesta de muchas maneras, tanto en cierto ámbito religioso, a pesar de la disputa por la definición del "Dios verdadero" y los conceptos derivados de "religión verdadera" o de "verdadero creyente", como, notablemente, en el ámbito de la cultura profana.
No hay que perder de vista que si bien no todos los judíos son sionistas, no todos los sionistas son judíos. Es bien sabido que, por ejemplo, las comunidades cristianas evangélicas son fervientes defensoras de los postulados sionistas. Igualmente, es innegable que muchos políticos occidentales, de todos los signos ideológicos, deben el éxito de su carrera institucional al apoyo, económico y mediático, que reciben por parte del lobby sionista operando en su país.
La industria cinematográfica, la industria musical, el sector editorial, la prensa y los medios digitales son áreas culturales predilectas para la defensa y propagación de los postulados sionistas. Así quedó en evidencia en las recurrentes polémicas surgidas en torno al festival de Eurovisión, y en otros festivales musicales, literarios o cinematográficos, así como en eventos deportivos, en Europa y en los Estados Unidos. En todos estos ámbitos culturales, cualquier critica pública dirigida a las actuaciones del gobierno israelí es tachada sistemáticamente de "antisemita", sus autores son sometidos a la mas virulenta descalificación y condenados al más estricto ostracismo.
Esta realidad incontestable acredita el enorme poder cultural del estado de Israel mas allá de sus fronteras. Un poder que se ve reforzado, en los países de tradición cristiana, por los discursos de los partidos ultra-nacionalistas de rechazo a la inmigración musulmana hacía sus territorios. Así, por el hecho de estar enfrentado a un entorno de población islamita, Israel recibe el apoyo de muchas organizaciones que pretenden luchar contra la expansión del Islam entre la población de los países de Occidente.
Por encima de todos estos aspectos, es sin duda la enorme y decisiva influencia ejercida por los mas de 5 millones de ciudadanos judíos norteamericanos sobre los sucesivos gobiernos de los EEUU, la razón fundamental de la impunidad otorgada al régimen sionista. El liderazgo mundial, hegemónico, que Washington ha ostentado, desde 1945 hasta el día de hoy, fue y sigue siendo el garante mas firme del estado de Israel desde su creación. Contra vientos y mareas, se mantiene un apoyo que va mas allá de todo limite ético o moral, atestiguando una profunda simbiosis entre los dos estados, que permanece inalterable con el paso del tiempo.
Así las cosas, cuesta imaginar cómo esta situación puede tener fin, si no es con un cambio radical del enfoque global de los círculos de poder en los Estados Unidos, hoy por hoy caracterizado por un tremendo liderazgo internacional fallido, ejercido a lo largo de los últimos 80 años. Es toda la pretendida superioridad intelectual, moral y ética, del sistema democrático occidental que está siendo definitivamente destruida, a los ojos de la humanidad entera, bajo los bombardeos israelís sobre el pueblo palestino y sus vecinos. El genocidio perpetrado ha socavado irremediablemente toda la credibilidad de las instituciones de Occidente, de sus lideres, de sus gobernantes y por consiguiente de parte de sus pueblos.
En definitiva, el actuar asesino que el mundo contempla viene a certificar el fracaso más absoluto de todo el poder cultural de Israel, dejando al desnudo, con toda su crudeza, la esencial aberración intelectual que sustenta la ideología sionista. Por más que se esfuercen sus círculos de poder en justificar los abominables crímenes cometidos, nunca podrán borrar de la conciencia de la humanidad la condena sin paliativos de la que se ha hecho merecedor el gobierno israelí del señor Netanyahu.
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