Thursday, September 28, 2023

GUERRA EN EUROPA: año segundo.

A punto de entrar la guerra en Ucrania en su tercer año, sin que nadie pueda vislumbrar un posible cese de las hostilidades, parece urgente intentar expresar de nuevo algunas opiniones pausadas, razonables y razonadas, que permitan encaminar hacia un cambio radical la situación de impasse que ahora prevalece.



1/  EL DISCURSO DE LA U.E.: el disparate colectivo.

Es con cargo a su "fondo para la paz" que la Unión Europea está financiando uno de los bandos de la guerra en Ucrania, lo que, de entrada, nos coloca en el epicentro del disparate. 

Profundizando día a día, es imposible, para cualquier persona sensata, no advertir que los ciudadanos de la Unión Europea están ante una descomunal maquinaria propagandística, orquestada desde las instituciones y ejecutada por los medios de comunicación, para convencernos de la insoslayable necesidad de apoyar y segundar en todas sus exigencias, al gobierno presidido por el señor Zelenski. El argumento definitivo y prácticamente único es siempre el siguiente: la Federación Rusa es la agresora y Ucrania una victima inocente. Y punto; no se admite mas debate al respecto. 

A partir de allí, nos hablan de "ucranianos" para referirse a los ciudadanos que apoyan el gobierno del señor Zelenski, y de "pro-rusos" para designar a los habitantes de Ucrania, de origen o cultura rusa, que no comulgan con el gobierno de Kyiv, obviando que estos últimos, que parecen no merecer el titulo de "ucranianos", representan casi una cuarta parte de la población del territorio de la Ucrania independiente, surgida de la disolución de la Unión Soviética hace apenas 32 años.

Y es que esta Ucrania independiente, como prácticamente todas las naciones y por una gran variedad de motivos, es un país profundamente dividido, con antagonismos presentes desde hace siglos, geográficamente y esquemáticamente reflejados por una hostilidad atávica entre las respectivas poblaciones del este y del oeste del país. 

Esta hostilidad, que durante la segunda guerra mundial se tradujo por el apoyo de unos al ejercito alemán y de otros al ejercito rojo, se presenta ahora, según la visión manifestada actualmente en Bruselas, en una Ucrania pro-democrática y europea, liderada por el señor Zelenski, en lucha contra unos "pro-rusos", infeudados al sátrapa que gobierna desde el Kremlin, el señor Putin. Esta visión simplista, que alimenta el conflicto en lugar de apaciguarlo, no es propia de una actitud serena, responsable, justa o equilibrada, enfocada hacia el cese de los combates y revela al contrario una voluntad deliberada de ocultación de gran parte de la realidad.

Así, la UE toma partido incondicional por el bando que se hizo con el poder en 2014, suceso llamado "euromaidán" que los rusos califican de golpe de estado, un acontecimiento bastante turbio que marca el principio de un conflicto abierto y que desemboca en la actual cruenta guerra desatada en 2022. 

Y no podemos olvidar que la guerra banaliza todos los delitos penales, desde el asesinato hasta el robo, pasando por la violación, la tortura, el secuestro o la extorsión. Y que estos delitos siempre los cometen, objetivamente, ambos bandos, por mas que la propaganda de cada lado los atribuya en exclusiva al contrario. 

Por tanto nunca puede justificarse la guerra apelando a la defensa de unos supuestos valores democráticos, ya que no hay nada mas antidemocrático que las actitudes criminales desatadas en una guerra, cuando el pueblo, universalmente y mayoritariamente, anhela con ansía la paz. La guerra es siempre pura barbarie que sufre el pueblo por culpa de la codicia y de los delirios de poder de unas élites, políticas, militares y financieras, absolutamente desacreditadas. Y así de desacreditada está la postura de la Unión Europea respecto a Ucrania, argumentando ideales falaces, apostando por la guerra y ocultando sistemáticamente los verdaderos motivos del presente conflicto. 

Esta postura europea engañosa y perversa, compartida por los integrantes del bloque que los rusos llaman "el occidente colectivo", es fruto de unos planteamientos geopolíticos que desbordan ampliamente la estricta realidad de los sacrificados pueblos de Ucrania y que la propaganda diaria intenta relativizar, cuando no claramente ocultar, en sus mensajes a la población.




2/  REALIDADES GEOPOLITICAS: en juego, el imperio del mundo.

Es pura ingenuidad, cuando no mala fe, atribuir la responsabilidad exclusiva del actual conflicto a la parte rusa, dejando en el olvido o el silencio todos los antecedentes del largo enfrentamiento entre Rusia y el bloque occidental agrupado en la OTAN, liderado en la actualidad por los Estados Unidos de América.

Desde el final de la segunda guerra mundial, cuyo principal vencedor de hecho fue, militarmente, la  Unión Soviética liderada por el georgiano Yosef Stalin, Rusia se convirtió en el enemigo destacado del hegemonismo que EE.UU. ha pretendido instaurar en el planeta. Y este papel no ha variado a lo largo de los años, a pesar de todos los acontecimientos acaecidos desde entonces, disolución de la propia Unión Soviética incluida.

A nadie, dotado con un mínimo de conocimientos históricos y geopolíticos, se le escapa que la actual guerra en Ucrania no es otra cosa que un capitulo mas de este largo enfrentamiento, aprovechando ahora la profunda división existente en el seno de la sociedad ucraniana.

Como hemos visto en el anterior articulo dedicado a este tema, la lucha en la que están inmersas las distintas élites mundiales, se libra en tres campos fundamentales: el militar, el económico-financiero y el cultural. Los países que impulsaron la Unión Europea, son todos ellos dependientes de Washington en estos tres ámbitos, en mayor o menor grado, desde el final de la segunda guerra mundial. Sin embargo, ni en las horas mas bajas de su historia reciente, que sucedieron a la disolución de la Unión Soviética, Rusia ha sido sometida, en ninguno de estos tres campos, al bloque liderado por los EE.UU. 

Este hecho generó frustración en gran parte de los círculos de poder de Washington en los años 90 y la experiencia de "acercamiento a occidente" que se produjo en aquellos año, dejó en Moscú la convicción de haber sido engañado y menospreciado, fomentando así el fortalecimiento de un poderoso sentimiento nacionalista anti-occidental.

Si bien es condenable sin paliativo la agresión rusa a Ucrania en febrero de 2022, es de justicia reconocer que desde la Federación Rusa se intentó todo lo posible para evitar de llegar a este extremo. El hecho de que no se implementaran los acuerdos de Minsk o que se despreciaran las propuestas de acuerdos de seguridad compartida ofrecidos por Moscú, solo indica una cosa: occidente forzó el enfrentamiento directo entre los gobiernos de los señores Zelenski y Putin. En los círculos de poder de Europa todos saben que efectivamente así fue, aunque ningún actor político se atreva a admitirlo públicamente.

¿Por qué? Recientemente un político demócrata estadounidense acaba de declarar: "Esta guerra es una ganga. Ha permitido mermar en un 50% el potencial militar de Rusia, con un gasto que apena alcanza el 3% del presupuesto de defensa y sin una sola baja estadounidense..." De momento, sobra al respecto cualquier comentario. Estamos obviamente de lleno sobre el terreno de la lucha por "el imperio del mundo".

Frente a esta realidad difícilmente cuestionable, cabe sin embargo preguntarse cómo pueden los estados miembros de la Unión Europea acomodarse a esta situación, de la manera tan rastrera e innoble encarnada por las sucesivas declaraciones de su alto representante de política exterior, el señor Josep Borrell. Es algo que la opinión publica europea no tendrá mas opciones que plantearse algún día, por más que la intensa propaganda a la que está sometida trate de impedírselo.


3/  LOS TÉRMINOS DEL ENGAÑO: retóricas enfrentadas.

El primer y principal reproche que se dirige hacia la Federación Rusa, es el quebrantamiento del principio de preservación de la integridad territorial reconocido por la ONU. Es harto cierto que este principio, que debería de prevalecer siempre y que todo el mundo defiende respeto a su propio territorio, ha sido violentado o relativizado en numerosas ocasiones no solo por Rusia sino por las mismas naciones que ahora denuncian a Moscú.

Podemos recordar el conflicto coreano, el palestino, el bengalí, el iraki, el yugoslavo, el del Sáhara, el de Rodesia, el de Eritrea, el de Sudan, el de Chipre, el del Karabaj, el de Siria o incluso el caso de Taiwán, como algunos de los conflictos en los que se alteró, o se intenta alterar de alguna manera, la integridad territorial de países miembros de la ONU. En cada caso particular las posturas varian singularmente de criterio, de manera desvergonzada, en función de los intereses geopolíticos en juego.

En el caso de la guerra de Ucrania es de interés abordar la retórica esencial, empleada por los diversos protagonistas del conflicto, para situar sus respectivas posturas.

3.1  Desde RUSIA

"Desnazificación  de Ucrania". 

En continuidad con los sucesos de la segunda guerra mundial ocurridos en suelo ucraniano, en la que una parte de la población, profesando un profundo sentimiento anti-soviético, tuvo un papel activo en los desmanes de los componentes ideológicos del ejercito alemán, queda, entre la población ucraniana actual, una importante minoría que simpatiza con el ideario nacional-socialista hitleriano. Esta minoría es uno de los apoyos incondicionales del gobierno del señor Zelenski, tiene una cierta relevancia en los estamentos militares del país y un notable poder económico proporcionado por el apoyo de destacados oligarcas. Esta realidad sigue siendo incontestable y en ella se cimienta el discurso maximalista del Kremlin que le permite trazar para su audiencia, una continuidad entre los dos conflictos, inscribiendo su ofensiva en el marco de la universalmente justificada y aplaudida "lucha contra el nazismo".

"Crimea es rusa y no ucraniana".



Basta conocer en detalle la historia del territorio de la península para reconocer que hay en esta afirmación una gran dosis de verdad. El kanato de Crimea, creado por clanes mongoles de la horda de oro en el siglo XV es una entidad política histórica independiente ajena por completo a la existencia de cualquier entidad estatal ucraniana.

La historia de Ucrania comienza en el año 882 con el establecimiento de la Rus de Kiev, una federación de tribus eslavas orientales, que llegó a convertirse en un estado poderoso durante el siglo XI y del cual proceden los rusos que fundaron Moscú, posiblemente en los albores del siglo XII.​ La península de Crimea nunca formó parte de este estado eslavo. Tras la invasión mongola de mediados del siglo XIII, el territorio de la Rus fue dividido y gobernado por diversas potencias, incluidas la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania), el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y el Zarato ruso. Durante los siglos XVII y XVIII emergió y prosperó el Hetmanato cosaco, a la postre repartido entre Polonia y el Imperio ruso. 

En 1783 el territorio del kanato de Crimea fue anexado definitivamente por Rusia, vencedora de los turcos. Tras la Revolución de Febrero de 1917 y la desintegración del Imperio ruso, en sus territorios surgieron movimientos independentistas, formándose la República Popular Ucraniana que se vio en seguida inmersa en una guerra civil y finalmente derrotada por los bolcheviques. Estos últimos constituyeron la República Socialista Soviética de Ucrania en 1919 que se convirtió en miembro fundador de la Unión Soviética en 1922. En 1954, la óblast de Crimea fue cedida a la RSS de Ucrania por la RSFS de Rusia, de acuerdo con el ukaz del Presídium del Sóviet Supremo de la URSS del 19 de febrero de 1954. Por tanto fue solamente en esta fecha, relativamente reciente, que se estableció cierta soberanía formal de Kyiv sobre la península, dentro del marcó estricto de la Unión Soviética.

Y es precisamente apelando a estos antecedentes históricos que el gobierno de Putin pretende incorporar nuevamente a la Federación Rusa la mayor parte del territorio del antiguo kanato de Crimea, que incluye Jersón, Mykoláiv, Zaporizhia y Donetsk.

3.2  Desde UCRANIA

"Integridad territorial irrenunciable."


Es al territorio heredado a la disolución de la Unión Soviética, y reconocido por la ONU a consecuencia de la declaración de independencia del año 1991, que el gobierno del señor Zelenski se refiere. Como acabamos de ver, la península de Crimea y los territorios aledaños se vincularon a la RSS de Ucrania en 1954 por decisión del gobierno del señor Nikita Jrushchov en Moscú, obedeciendo a criterios técnicos de gestión territorial. Nunca se contempló la posibilidad de que este territorio escapara al control de Rusia. Por una razón muy sencilla: se trata de una posición estratégica mayor que garantiza el acceso de la flota rusa al mar mediterráneo, el único acceso marítimo del territorio ruso hacia el sur. 

Por tanto es de esperar que la Federación Rusa jamás cederá de nuevo el control de Crimea al gobierno de Kyiv, con más razón si este gobierno se sostiene militarmente y económicamente sobre EEUU y sus aliados. No es tampoco descartable que, después de controlar la totalidad de la costa del mar de Azov, Rusia amenace con privar a Ucrania de todo acceso marítimo al mar Negro. En el futuro estatuto otorgado a la región de Odessa quedaría entonces el marco de una hipotética negociación de paz que permita poner fin al conflicto.

Para que el gobierno del señor Zelenski recupere, como pretende, el control de la totalidad del territorio, heredado en 1991 y ahora ocupado en parte por el ejercito ruso, será por tanto necesario que la Federación Rusa renuncie por completo a todos sus objetivos, vitales para su seguridad nacional, al oeste de su actual territorio. Difícilmente se puede entrever cómo se podría llegar algún día a este punto.

"El futuro de Ucrania está en la U.E. y la OTAN"

Como hemos visto en el precedente articulo sobre este tema, la OTAN es un organismo creado para hacer frente a la Unión Soviética y ahora enfrentado directamente a la Federación Rusa, claramente y a pesar de su proclamada doctrina defensiva. Por tanto es lógico que el actual gobierno ucraniano busque insistentemente colocarse bajo el paraguas de esta poderosa organización militar. De la misma manera es lógico que la Federación rusa luche con todos los medios a su alcance para intentar frenar esta posibilidad y propugna, como mal menor, un estatuto de neutralidad para la nación ucraniana. No es descabellado pensar que un uso inteligente de un estatuto neutral sería en definitiva de gran provecho para el conjunto de la sociedad ucraniana que quedaría al margen del conflicto entre los dos bloques, fortaleciendo así su proclamado deseo de independencia.

En cuanto al ingreso en la U.E., una vez rotos todos los históricos vínculos políticos y económicos entre Kyiv y la Federación rusa, no tiene Ucrania otra opción que intentar restañar su debilitado estado y salvar su dañada economía con la ayuda de Bruselas. Y aunque el inicio del euromaidan es consecuencia de un frustrado acuerdo de cooperación entre la U.E. y Ucrania, el actual gobierno ruso, a priori, no se opone frontalmente a un hipotético ingreso de este país en la Unión. En cualquier caso, tal eventualidad no es incompatible con un posible estatuto de neutralidad militar.

3.3  Desde la U.E.

"Ucrania está luchando por defender los valores europeos".


Aunque resulte bastante arduo definir con claridad cuales son los valores europeos aludidos, cualquier análisis de la situación real de los derechos constitucionales bajo el actual gobierno del señor Zelenski, arroja serias dudas sobre su implementación. Si bien la Constitución, aprobada el 28 de junio de 1996, y reformada en 2004 tras la llamada “revolución naranja”, define a Ucrania como un Estado soberano, independiente, democrático, social, de derecho y unitario, impera en la actualidad la ley marcial en vigor que impide la celebración de elecciones presidenciales o parlamentarias. Al amparo de esta ley se han ilegalizado al menos una docena de partidos de oposición y perseguido sus principales lideres, sospechosos de albergar sentimientos "pro-rusos". 

Y aunque frente a esta situación los círculos de poder de Bruselas se muestran públicamente silenciosos y en privado "comprehensivos", en razón del conflicto militar en curso, lo cierto es que la inmensa desigualad económica, la reconocida corrupción y la falta de independencia judicial que la república de Ucrania viene arrastrando desde su avenimiento, hacen bastante dudosa toda conformidad institucional con el credo europeo. Todo parece reducirse de momento a unas reiteradas declaraciones de buenas intenciones, hasta ahora sin realidad palpable.

"La Unión Europea apoyara a Ucrania por todos los medios, hasta su victoria final sobre Rusia".

Hay en este tipo de afirmaciones maximalistas, una duda razonable respecto a la sinceridad, al convencimiento y/o conocimiento de la realidad, de la persona que las pronuncia. Tales afirmaciones sirven sin duda para ayudar a mantener alta la moral de la parte de la sociedad ucraniana que apoya las decisiones de su presidente, pero hacen un flaco favor a toda iniciativa que pueda tratar de encaminar el conflicto hacia una resolución pacifica. Según el señor Borrell, el conflicto solo se podrá "resolver en el campo de batalla". Y a continuación, la victoria militar sobre las fuerzas de la Federación Rusa es el único desenlace que se contempla. Pero es inevitable plantearse: ¿De verdad el señor Borrell y sus mentores piensan que vencer a Rusia en el campo de batalla es cosa no solo posible sino también probable? ¿Acaso no cabe la posibilidad de que estos señores estén minusvalorando gravemente los recursos globales de la Federación Rusa?

Después de casi dos años de guerra, parece que si, en efecto, la derrota militar del ejercito ruso no va a resultar tan sencilla. Tampoco resulta obvio de que el esfuerzo económico que este conflicto está imponiendo a las sociedades europeas pueda mantenerse indefinidamente sin provocar mayor agitación social. Quizás sería entonces conveniente empezar a replantearse el asunto e intentar buscar un modo mas realista de abordarlo. A no ser, claro está, que esta actitud obedezca en el fondo a otros propósitos, mas acordes con la consideración de esta guerra como una auténtica "ganga", que con la preocupación sincera por defender la integridad territorial de Ucrania. El futuro, inevitablemente, aclarará un día esta duda.

3.4  Desde los EE.UU.

"La agresión de Rusia es injusta e injustificable."


Es difícil entender en qué tipo de circunstancia una agresión puede considerarse como "justa". Mas allá de eso, se entiende menos todavía cómo una agresión "injusta" puede llegar a convertirse en "una ganga". Cierto es que no cabe duda de que para amplios círculos de poder estadounidenses, el conflicto abierto en suelo ucraniano no solo no es ninguna tragedia, sino que es una oportunidad largamente deseada, esperada y potenciada. Después de la paulatina adhesión a la OTAN de todos los países centro-europeos que fueron miembros de la Unión Soviética, Ucrania y Bielorrusia son los últimos estados que quedan por incorporar, para situar a la organización militar occidental en las fronteras de la Federación Rusa, en el centro de Europa. Y como es sabido, desde Washington se trabaja intensamente para lograrlo, por todos los medios, desde hace décadas. Por lo tanto, es de lógica considerar esta realidad como una causa plausible de la agresión perpetrada por Rusia. Es mas, todo parece indicar que esta agresión está resultando muy provechosa para el conjunto de intereses geopolíticos de EE.UU. en Europa, así que no es descabellado pensar que todo se hizo para provocarla. No solo por el debilitamiento resultante, militar y económico, de Rusia, sino también por el impacto que está teniendo sobre la propia Comunidad Europea, cada vez mas dependiente, militarmente, económicamente y culturalmente. Como ejemplo: ¿Quién puede dudar del impacto de la voladura del gasoducto Nord Stream 2 sobre la salud de la economía alemana, mas allá de un posible revés para la economía rusa ? Este acto, escogido entre cientos, ¿no constituye acaso, eso si, una agresión deliberada, injusta e injustificable, cuyo propósito no puede encajar con el discurso de solidaridad con Europa? Asombra constatar sin embargo hasta que punto esta agresión ha dejado los políticos europeos totalmente indiferentes.

"Ningún país tendrá asegurada su independencia si Ucrania pierde la guerra por la invasión rusa."

Tal afirmación del presidente Joe Biden, en la tribuna de la ONU, puede tener dos lecturas complementarias. La primera, como aviso para los vecinos directos de la Federación Rusa, argumentando hipotéticos futuros planes de expansión de la misma, en detrimento, principalmente, de los antiguos miembros de la Unión Soviética, cuya voluntad de recuperación de su extensión territorial, se atribuye al gobierno del señor Putin. Esta idea, que se antoja bastante descabellada y ajena a la actual doctrina del gobierno ruso, ha propiciada sin embargo un rearme acelerado de la practica totalidad de los países europeos miembros de la OTAN. Sin duda este hecho constituye una excelente noticia para la industria militar europea en general y la estadounidense en particular, lo que, en definitiva, parece ser una poderosa motivación política para hacer tal declaración. La segunda lectura de esta sentencia puede hacerse a nivel mundial, mas allá del conflicto en Ucrania. Da a entender, en efecto, que una victoria rusa daría validez al uso de la fuerza para resolver, en todas partes, las disputas sobre soberanía territorial. En este caso, resulta singular circunscribir este pernicioso efecto a este conflicto en particular y no extenderlo, por ejemplo, al conflicto palestino, al de Chipre o al del Sáhara Occidental. Claro está que Israel, Turquía o Marruecos son aliados fieles del bloque occidental y por tanto parecen merecer un trato diferenciado... Nuevamente nos encontramos con la acostumbrada política de doble rasero, señalada anteriormente, que resta definitivamente toda credibilidad a los argumentos del señor Biden.


4/  UN ÚNICO CAMINO POSIBLE HACIA LA PAZ:  la responsabilidad de la OTAN.

Como señalábamos anteriormente, la opinión pública occidental sigue sometida a una intensa propaganda, sesgada y manipuladora, que sirve para ocultar de manera sistemática gran parte de la realidad propia de este conflicto. Cualquier cuestionamiento de los términos de esta propaganda, por mas razonado y razonable que sea, es sistemáticamente condenado. Y los que propugnan planteamientos discrepantes son inmediatamente acusados de estar sometidos a su vez a la propaganda rusa. No hay espacio para una critica objetiva y constructiva de la situación, capaz de sugerir una salida realista hacia el fin de las hostilidades militares.

Este conflicto se inscribe dentro de un largo enfrentamiento entre dos bloques principales, en lo que está en juego el futuro de la sociedad planetaria en construcción, su necesaria conformación política, lo que algunos analistas designaron como "el imperio del mundo". Este enfrentamiento es una lucha sin cuartel, en él que ambos bandos están usando por igual todos los medios a su alcance, incluidos los mas abyectos y detestables, destrozando la vida de millones de seres humanos. La verdadera realidad palpable del conflicto en Ucrania es la muerte violenta de centenares de personas, cada día, atrapadas en un conflicto del que no pueden escapar y promovido con espantosa frivolidad desde despachos muy alejados del campo de batalla. Es un hecho que cualquier hombre libre no puede consentir ni mucho menos relativizar.

Mas allá de todas las retóricas expuestas mas arriba, el elemento clave del presente conflicto es, sin duda alguna, el control de la península de Crimea. La llegada al poder en Kyiv de un gobierno pro-occidental, brindó al bloque militar occidental la posibilidad de arrebatar a la Federación Rusa el control de la península y por tanto de complicar seriamente el acceso de sus fuerzas marítimas hacia el mar Mediterráneo. Como hemos visto, esta posibilidad es totalmente inaceptable para Rusia por razones estratégicas mayores. Por eso se aseguró enseguida el control del territorio, en 2014. La ofensiva de febrero de 2022, desde el punto de vista estratégico militar, tiene por objetivo básico asegurar el corredor terrestre que une la península al territorio de la  Federación, hasta entonces únicamente conectado por el puente de Kerch, cuya construcción finalizó en 2018. Este objetivo se consiguió con la toma de Mariúpol, en mayo de 2022. En consecuencia, se puede afirmar que, en la actualidad, la Federación Rusa ha cumplido con el grueso de sus propósitos.

A partir de allí, sólo le queda a Rusia asegurar el  territorio conquistado, resistiendo las ofensivas de un ejercito ucraniano dependiente por completo del apoyo brindado por los países de la OTAN. Por tanto, el día que cese este apoyo, la guerra estará terminada y la paz podrá abrirse camino. Hasta que llegue este día, en él que el Pentágono y sus aliados den por imposible sus pretensiones, seguirán muriendo personas a diario. Está es una cruda realidad, a la que todas las instancias de poder occidentales deben de enfrentarse, guste o no.


5/  A MODO DE CONCLUSIÓN PROVISIONAL: lo único que importa son las vidas de las personas.

A pesar de los muchos aspectos impredecibles de la situación actual, no es muy aventurado pensar que,  tarde o temprano, la parte ucraniana vera debilitada su postura antes que la parte rusa. Es incluso muy probable que los propios actores estadounidenses mas lúcidos piensen que, efectivamente, así sucederá. Mientras se llegue a este punto, el bloque occidental intentará sacar el máximo provecho posible de una guerra que, desde el principio, ha planteado como "larga" y seguirá calificando incansablemente de "justa", cuando no "necesaria". Todo dependerá, en ultima instancia, de la perseverancia de la propia población ucraniana y de la capacidad de aguante de la población de la Unión Europea. 

Queda sin embargo patente que el cese inmediato de este conflicto armado depende ahora exclusivamente de la voluntad de los países miembros de la OTAN, a los que les queda todavía por demonstrar, en actos, que su alianza tiene exclusivamente un carácter defensivo, negándose a proporcionar al gobierno de Kyiv toda clase de armamento ofensivo, tal como lo han estado haciendo a lo largo de estos dos últimos años. Y lo que está en juego, mas allá de todo cálculo geopolítico, es la vida de miles y miles de seres humanos inocentes que merecen el respecto de unos gobernantes cuya responsabilidad máxima es la de proporcionar, ante todo, a sus gobernados, seguridad y prosperidad. 


Sunday, May 28, 2023

SOBRE EXPRESIONES DE GÉNEROS E IDENTIDADES SEXUALES

INTRODUCCIÓN

El día 28 de febrero de 2023, se publico en el Boletín Oficial del Estado español, la: "Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI".

Un texto de ley cuyo preámbulo estipula:

"El objetivo de la presente ley es desarrollar y garantizar los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (en adelante, LGTBI) erradicando las situaciones de discriminación, para asegurar que en España se pueda vivir la orientación sexual, la identidad sexual, la expresión de género, las características sexuales y la diversidad familiar con plena libertad."

He aquí un acontecimiento que sirve de pretexto para ampliar y profundizar nuestras reflexiones sobre un tema que tratamos en un texto anterior titulado: Sobre las relaciones sexuales, en el que pusimos en relieve la diversidad y legitimidad de cada una de las mismas.

Nadie ignora las numerosas polémicas que el tema, abordado por esta ley, suscita en el seno de todas las sociedades humanas. La resolución de estas polémicas lleva a la aplicación, en cada sociedad, de medidas muy dispares que tienen consecuencias directas sobre la vida cotidiana de las personas pertenecientes a los que se suelen llamar los colectivos LGTBI. 

Asistimos a la promulgación de leyes muy restrictivas en numerosos países, criminalizando o marginalizando estos colectivos en algunos de ellos. Al contrario, en otros países, principalmente en los países occidentales, se aprueban leyes calificadas de progresistas y que tienden a satisfacer los reclamos más o menos radicales de estos colectivos.

Siendo la totalidad de las sociedades del mundo destinada a converger en la única sociedad planetaria actualmente en construcción, nos parece imprescindible tratar de exponer y de esclarecer cuales son los significados profundos de los principales conceptos que se utilizan para referirse a este asunto, con la finalidad de llegar a un consenso universalmente aceptable y por tanto potencialmente compartido, sobre la realidad de las personas LGTBI.

 


GÉNEROS FISIOLÓGICOS y GÉNEROS SEXUALES

En un primer momento conviene dejar clara la diferencia existente entre la noción de género fisiológico y la de género sexual. 

Para la mayoría de las personas parece evidente que solo existen 2 géneros fisiológicos: el masculino y el femenino. Sin embargo esta afirmación no es del todo cierta ya que alrededor del 1% de la población mundial no presenta género fisiológico claramente definido al nacer. Se trata de una rara excepción, que se suele definir como intersexualidad y que puede, en ocasiones, considerarse como un tercer género fisiológico.

En lo que se refiere a los géneros sexuales, la extrema diversidad de las practicas sexuales individuales existentes entre dos o varias personas, puede enmarcarse íntegramente entre 3 génerosheterosexualhomosexual bisexual. Aunque se pueda también considerar la existencia de un cuarto género, el asexual, para algunas personas absolutamente carentes de cualquier tipo de deseo sexual. Por supuesto estos géneros son aplicables a cada uno de los dos géneros fisiológicos dominantes, siendo el género heterosexual ampliamente mayoritario para ambos. 

Así, al género sexual homosexual pertenecen las lesbianas, de género fisiológico femenino y los gais, de género fisiológico masculino

Las personas bisexuales, por su parte, proceden tanto del género fisiológico masculino como del género fisiológico femenino.

 


EL CASO DE LAS PERSONAS TRANS

Cuando se habla de personas trans, conviene distinguir entre mujeres trans y hombres trans. Una mujer trans pertenece, por nacimiento, al género fisiológico masculino. Un hombre trans pertenece, por nacimiento, al género fisiológico femenino. Todos ellos suelen experimentar deseos sexuales hacia personas pertenecientes a su mismo género fisiológico. Por tanto y a pesar de la discrepancia al respecto de los colectivos trans más "radicales", ambos pertenecen  al género sexual homosexual o bien, aunque mucho más raramente, al genero sexual bisexual. 

Sin embargo, las personas trans son lo que son, en razón de una alteración de la apariencia de su género fisiológico. Esta alteración, esencialmente propiciada por el uso de la bioquímica, de la cirugía y de todas las practicas relacionadas con la estética corporal, es consecuencia de una voluntad psicológica de rechazo hacia el genero fisiológico al que pertenecen, por nacimiento, estas personas.

Este hecho es el desencadenante de serias confusiones, omnipresentes en el debate suscitado por estas cuestiones. En efecto, muchas personas trans, respaldadas por la propia ley española, consideran que al proceder a la alteración de su género fisiológico, se equiparan, social y políticamente, a las personas pertenecientes, por nacimiento, a su nuevo género de adopción. En consecuencia, desde el punto de vista de los géneros sexuales, esta consideración les lleva a auto-situarse fuera del género homosexual para incorporarse plenamente al género heterosexual; lo que, para el común de los mortales, no deja de ser sin embargo una evidente paradoja cuando no una simple falsedad. 

En efecto esta consideración corresponde a una interpretación equivocada de la realidad, elaborada bajo el prisma de una construcción psicológica parcial y por tanto intelectualmente deficiente, con graves consecuencias. De ella surgen, por ejemplo, las divergencias aparecidas dentro del movimiento feminista, con colectivos que señalan acertadamente que "ser mujer no es un sentimiento". En otros ámbitos, se rechaza la incorporación de las mujeres trans en las competiciones deportivas femeninas, o en cuanto al boxeo, algunas autoridades están planteando la necesidad de creación de unas nuevas categorías: los trans.

Y es que, por más que le pese a algunos actores políticos, en toda lógica, una mujer trans no es una mujer sino, en todo caso, una trans, y un hombre trans no es un hombre sino, en todo caso, un trans. Estas afirmaciones, que las propias leyes "progresistas" desmienten, parecen sin embargo incontestables desde el punto de vista fisiológico, epistemológico y racional.  En el plano de la identidad sexual, estas afirmaciones nos remiten directamente al ámbito psicológico privado de las personas, que es donde se sitúa el origen de la naturaleza de su deseo sexual y por lo tanto donde se define, inevitablemente, su incorporación, o no, a un género sexual determinado.

 


DESEO SEXUAL y EXPRESIÓN DE GÉNERO 

El deseo sexual nace de manera espontánea dentro de un proceso psicológico más o menos complejo, propio de cada persona. La atracción sexual depende de muchos factores entre los que destacan la importancia de los cinco sentidos y en primer lugar el de la vista. Este hecho queda todavía más patente en unas sociedades donde las nuevas tecnologías y las redes sociales constituyen el principal modo operativo de las relaciones interpersonales. En este contexto, la visión de la imagen de otra persona provoca la atracción primera y son, a continuación, los demás sentidos los que agudizan, o no, el deseo sexual.

La existencia y la expresión del deseo sexual de una persona hacia otra, están determinadas por la configuración psicológica que rige la identidad sexual de esta persona. Una persona cuya identidad sexual es heterosexual solo experimenta deseo sexual hacia las personas perteneciente al otro género fisiológico; masculino hacia femenino y recíprocamente, femenino hacia masculino. Si este deseo se aplica también, en determinadas ocasiones, a personas pertenecientes al mismo género fisiológico, entonces la persona que lo experimenta acredita una identidad sexual  perteneciente al género bisexual. En ambos casos el deseo puede aplicarse a personas pertenecientes a cualquier género sexual, de ambos género fisiológico para una persona bisexual y de otro género fisiológico, en caso de una persona heterosexual.

Al género homosexual pertenecen las lesbianas, los gais y, como hemos visto, los trans. Las personas pertenecientes a estas tres especies del género homosexual, experimentan deseos sexuales exclusivamente hacia personas pertenecientes a su mismo género fisiológico pero no forzosamente, y he aquí un punto muy relevante,  a su mismo género sexual.

Y es así que esta atracción y este deseo primero, en el caso de las personas homosexuales, pueden ejercerse también hacia personas de su mismo género fisiológico pero heterosexuales. De la misma manera, una persona heterosexual puede sentir deseo sexual hacia otra persona, de otro género fisiológico, pero homosexual. 

Teniendo en cuenta que la satisfacción de cualquier deseo sexual, es decir la materialización de una relación sexual efectiva, implica (so pena de constituir un flagrante delito de abuso y de violación), una reciprocidad, un deseo compartido por las personas implicadas en la misma, todas las personas pueden verse, en algún momento, incapacitadas para satisfacer su deseo, sobre todo cuando aquel se dirige hacia personas que no comparten su mismo género sexual.

 


TRANSEXUALIDAD y TRAVESTISMO

Con esta incapacidad y la frustración que de ella se deriva, surge un problema mayor que, en un primer momento y a lo largo de la historia de la humanidad, ha dado lugar entre los homosexuales, al fenómeno del travestismo. Y se puede lógicamente considerar que las personas trans son, en la actualidad, el mayor exponente de este fenómeno, como resultado de una evolución facilitada por los avances del conocimiento científico, principalmente en los campos de la bioquímica y de la cirugía.

Sin embargo, muchas personas trans se resisten a admitir la vinculación de su voluntad de alteración de su género fisiológico, con el fenómeno del travestismo. Prefieren hablar exclusivamente de una voluntad soberana de corrección de la naturaleza, para adecuarla a la realidad de su sentir, de sus emociones y de sus sentimientos.

Nuevamente, esta afirmación, aunque socialmente respetable y respaldada políticamente, no se ajusta ni objetiva ni integralmente a la realidad. No aporta nada de determinante que permita negar que la transexualidad se inscribe, de hecho, en la tradición del fenómeno del travestismo. Y es imprescindible reconocer que en el plano sexual este fenómeno, obedece en gran medida a un objetivo muy claro: atraer la atención, suscitar una reciprocidad del deseo, en personas perteneciente a otro género sexual como, en este caso preciso, al género heterosexual. Esta es una realidad difícilmente rebatible, constatable en la vida cotidiana de todas las personas trans y que se complementa, naturalmente, con la satisfacción de sentirse en mayor armonía con sus estados psicológicos particulares. 

Se entiende además que esta solución es quizás el único modo un tanto eficaz, capaz de brindar a una persona del género homosexual la posibilidad de mantener una relación sexual con una persona heterosexual por la que siente deseo, ampliando de este modo las oportunidades de relaciones, en sociedades compuestas mayoritariamente por personas heterosexuales. Claro está, que esta posibilidad dependerá siempre de la disposición de estas últimas personas, a renunciar, bajo el efecto de un eventual y repentino deseo, a su identidad heterosexual para deslizarse, de hecho aunque de manera más o menos consciente, hacia al género bisexual. 

Y si bien los géneros fisiológicos, siendo lo que son en todas partes, son difícilmente mudables, los hechos demuestran sin embargo que los géneros sexuales, siempre determinados por la construcción psicológica de las personas y la aparición aleatoria de los deseos, lo son con algo más de facilidad.

Por lo tanto, al abordar el tema de "la garantía de los derechos de las personas LGTBI", conviene enmarcar esta garantía en los aspectos más estables de la expresión de género de las personas y no establecerla, como lo hace la ley española, sobre conceptos e interpretaciones sujetos a variaciones.

 


IDENTIDAD SEXUAL y DERECHOS SOCIO-POLÍTICOS

En un primer momento parece útil recordar que el conjunto de los colectivos agrupados bajo el término de LGTBI, constituyen una minoría en todas las sociedades del planeta.

El hecho de que las prácticas sexuales de las personas pertenecientes a estos colectivos sean condenadas e incluso criminalizadas en determinadas sociedades, impide tener unos datos fiables respecto al porcentaje efectivo de población mundial que representan. Sin embargo se estima un porcentaje medio de un 10% para el conjunto LGTBI y de alrededor de un 1 % para las personas trans. 

Estos datos no hacen más que confirmar la preponderancia aplastante del género sexual heterosexual, una realidad al fin de cuentas bastante obvia, si advertimos que el fundamento natural de las relaciones sexuales está orientado, por definición, a la reproducción de la especie. Y precisamente, el hecho de que las practicas sexuales de las personas LGTBI no pueden asumir este propósito, es, culturalmente hablando, el principal causante del rechazo y de la marginación que estos colectivos padecen.

Sin embargo el carácter minoritario de la población LGTBI y el rechazo persistente que recibe en amplios sectores de todas las sociedades, hace imprescindible la necesidad de garantizar el pleno ejercicio de sus derechos sociales y políticos.

Pero en el caso de las personas trans, no parece muy acertado pretender lograrlo autorizando un cambio de registro administrativo (conocido como "cambio de sexo") que supone de hecho el reconocimiento de una alteración gratuita de su género fisiológico de nacimiento, siguiendo la lógica un tanto perversa del travestismo

Se me antoja que sería mucho más coherente y conveniente, a todos los efectos, haber creado para estos casos dos nuevos epígrafes: trans masculino y trans femenino, como plantean hacerlo, por ejemplo, las instituciones que rigen las competiciones de boxeo.

Las razones son muchas y la primera de todas reside en la necesidad de adecuar las leyes a la realidad, empleando en su formulación unas palabras que, como señala, entre otras, la tradición filosófica taoísta, "hayan demostrado su eficacia", si se pretende asegurar que "la ley pueda ser cumplida verdaderamente".

Y en este caso, la realidad se describe eficazmente diciendo que hay personas masculinas, personas femeninas, personas intersexuales  y personas trans. Hacerlo de otro modo, como lo hace la ley española y en mayor o menor medidas todas las leyes calificadas de "progresistas", es de hecho, disimular la existencia de las personas trans, contribuir a invisibilisar su singularidad y a la postre fomentar la desigualdad de género

Puede que este intento, de simplificar los datos registrales de la administración, haya parecido oportuno a los responsables políticos que impulsaron estas leyes, para dar satisfacción a los reclamos de algunos colectivos LGTBI. Pero me temo que en ningún caso este enfoque podrá suscitar el necesario consenso que la normalización de los derechos de las personas LGTBI requiere, al nivel planetario. 

Y es que además, paradójicamente, con estas leyes, las personas trans se convierten de hecho en ciudadanos de segunda en el imaginario colectivo; en efecto, para una mayoría de las personas, una mujer trans se convierte, inevitablemente, en "mujer de segunda" y un hombre trans en "hombre de segunda".

 

UN NECESARIO CAMBIO DE ENFOQUE

Todas las estadísticas demuestran a la clara que, en los países donde se han proclamado leyes "progresistas" en favor de los colectivos LGTBI, ha aumentado la homofobia, incluidas las agresiones homofóbicas y transfóbicas. 

En paralelo, en los países donde la ley castiga o criminaliza las prácticas sexuales LGTBI, se ha endurecido la legislación y se ha recrudecido la represión.

Sin embargo, como sucede con el feminismo y su centenaria lucha por la igualdad, el debate sobre estos temas está abierto y a la orden del día en todas las sociedades del planeta. Por tanto la correcta resolución de este debate depende en gran medida de la correcta exposición de los términos de la controversia.

Más allá del ámbito LGTBI esta controversia se sitúa evidentemente en el terreno de la reivindicación de la libertad individual y de la igualdad colectiva respetuosa de  la diversidad. De la misma manera que se camina para admitir como UNIVERSAL la IGUALDAD ABSOLUTA entre hombre y mujer, a todos los niveles de la vida política y social de las personas, que el feminismo reclama, se debe de admitir como tal esta misma IGUALDAD entre todas las personas, sean cual sean su nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser sus prácticas sexuales

En esa lucha por la libertad y la igualdad de todas las personas que integran la humanidad, hay que vencer muchísimos prejuicios. Todas las culturas fomentan y arrastran en mayor o menor medida estos prejuicios, en razón de sus particulares pretensiones universalistas que las hacen considerarse, cada una, como superiores a las demás, derivando esa idea entre sus respectivos miembros, en actitudes altaneras, irrespetuosas y a menudo intolerantes.

Es bien sabido que estos prejuicios están siendo vehiculados en muchas partes por los voceros de las diversas tradiciones religiosas cuyos miembros lideran la condena a las prácticas LGTBI. Pero es el caso también de la cultura occidental "liberal" o "progresista" que pretende imponer, en el tema de los colectivos LGTBI, como en otros muchos, una doctrina que, en ciertos aspectos, choca frontalmente con el sentido común más elemental

La ley española proclama: "El derecho al cambio registral de la mención al sexo se basa en el principio de libre desarrollo de la personalidad (artículo 10.1 de la Constitución) y constituye igualmente una proyección del derecho fundamental a la intimidad personal consagrado en artículo 18.1 de la Constitución. A este respecto, el Tribunal Constitucional, en su STC 99/2019, de 18 de julio, estableció que «con ello está permitiendo a la persona adoptar decisiones con eficacia jurídica sobre su identidad. La propia identidad, dentro de la cual se inscriben aspectos como el nombre y el sexo, es una cualidad principal de la persona humana. Establecer la propia identidad no es un acto más de la persona, sino una decisión vital, en el sentido que coloca al sujeto en posición de poder desenvolver su propia personalidad». Pero con este razonamiento se concede al  "principio de libre desarrollo de la personalidad" el derecho a proceder a una negación de la realidad, la de haber nacido con los atributos de un determinado género fisiológico. Se pretende además dotar así las personas con "eficacia jurídica sobre su identidad". ¿Eficacia jurídica para negar y tergiversar la realidad, es decir para negar lo que es un hecho irrefutable? ¿Qué eficacia jurídica puede tener hacer de lo blanco negro para evitar de tomar en consideración la existencia del gris? 

Es por tanto del todo improbable que esta evidente falsedad, en la que incurre la doctrina del "cambio de sexo" registral, llevando, en toda lógica, a excluir del género homosexual a las personas trans, pueda ser asumida sin más por la sociedad planetaria. 

Querer a toda costa imponer tal enfoque no hace y no hará más, que intensificar un  importante rechazo entre la población, que más allá de las personas trans, se extiende a todo el colectivo LGTBI como, desgraciadamente, demuestran universalmente las estadísticas sobre homofobia. 

Tampoco ayuda la voluntad política de imponer, en determinados ámbitos, el uso obligatorio de los símbolos LGTBI. Allí están, por ejemplo, las polémicas surgidas al respecto en el último mundial de fútbol de Catar 2022. Tales imposiciones no son respetuosas de la libertad individual, al obligar una persona a lucir un símbolo que pertenece a unos determinados colectivos, bajo el pretexto de darles "visibilidad", con los que uno puede empatizar pero a los que no pertenece. Se trata claramente de un abuso de autoridad que contraviene el principio de igualdad. Y es que las instituciones tienen el deber de abstenerse, en todo lo posible, del uso de símbolos pertenecientes a colectivos particulares, tanto sexuales como religiosos, deportivos o de cualquier otro índole.

Tales actuaciones están abocadas inevitablemente a generar rechazo y tienen por tanto un resultado contraproducente que es del todo necesario evitar. No son factores de inclusión sino que, al contrario, contribuyen a perpetuar la marginación y la vulnerabilidad de los colectivos LGTBI. 

 


EN RESUMIDA CUENTA

Aquí están las definiciones expuestas en la ley española y lo que añadimos al respecto:

g) Intersexualidad: La condición de aquellas personas nacidas con unas características biológicas, anatómicas o fisiológicas, una anatomía sexual, unos órganos reproductivos o un patrón cromosómico que no se corresponden con las nociones socialmente establecidas de los cuerpos masculinos o femeninos.

AÑADIMOS: En determinados casos puede considerarse como un tercer género fisiológico de carácter transitorio, hasta que la persona pueda decantarse libremente hacía un género fisiológico claramente definido.

h) Orientación sexual: Atracción física, sexual o afectiva hacia una persona.

La orientación sexual puede ser heterosexual, cuando se siente atracción física, sexual o afectiva únicamente hacia personas de distinto sexo; homosexual, cuando se siente atracción física, sexual o afectiva únicamente hacia personas del mismo sexo; o bisexual, cuando se siente atracción física, sexual o afectiva hacia personas de diferentes sexos, no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, en el mismo grado ni con la misma intensidad.

Las personas homosexuales pueden ser gais, si son hombres, o lesbianas, si son mujeres.

AÑADIMOS: La orientación sexual define el género sexual de la persona y por tanto también se debe de incluir entre los homosexuales a las personas trans, ya  que su atracción física, sexual y afectiva está dirigida hacia personas que pertenecen a su mismo género fisiológico.

i) Identidad sexual: Vivencia interna e individual del sexo tal y como cada persona la siente y autodefine, pudiendo o no corresponder con el sexo asignado al nacer. 

AÑADIMOS: Este sentimiento y esta auto-definición no invalidan la realidad del género fisiológico al que la persona pertenece por nacimiento, ni limitan la posibilidad de elección identitaria a una de las dos opciones mayoritaria, masculina o femenina.

j) Expresión de género: Manifestación que cada persona hace de su identidad sexual

AÑADIMOS: En conformidad con la realidad, conviene añadir, a las dos opciones de expresiones de géneros fisiológicos dominante, masculino y femenino, el género transitorio intersexual y el género artificial transexual.

k) Persona trans: Persona cuya identidad sexual no se corresponde con el sexo asignado al nacer. 

     AÑADIMOS: Esta disconformidad con "el sexo asignado al nacer", lleva a la aparición de un nuevo género, artificial, el género transexual, distinto de los dos géneros fisiológicos mayoritarios y del género minoritario, y dotado con dos especies definidas: mujeres trans y hombres trans.

 

La garantía de los derechos de las personas perteneciente a los colectivos LGTBI debe de inscribirse en el marco del reconocimiento de la diversidad que caracteriza al ser humano en toda la extensión del planeta y debe de ajustarse escrupulosamente a la realidad, rechazando toda interpretación viciada de la misma, haciendo uso de valoraciones psicológicas particulares y parciales. 

En este marco, todo individuo goza de libertad para ser quien es, siempre que el ejercicio de esta libertad no supone la coerción de la libertad de otro. Hombres, mujeres, intersexuales y trans tienen todos los mismos derechos y deberes, sean cuales sean sus orígenes, sus prácticas culturales, sexuales, religiosas o de cualquier índole, siempre que estas prácticas no supongan imponer las propias a los que no las comparten. 

En el ámbito político, de organización y consecuente regulación de la vida pública, la armonización de la coexistencia pacífica de todos los individuos que componen la población mundial, exige un enfoque institucional estrictamente realista, equilibrado y coherente. En el ordenamiento jurídico, no son de recibo ningún privilegio, ninguna excepción, amparada en unas supuestas "tradiciones mayoritarias", susceptible de derivar en menoscabo de los derechos de colectivos minoritarios. Pero tampoco se puede otorgar privilegios a colectivos minoritarios bajo el mero pretexto de ser, precisamente, minoritarios.

Y en el caso de las personas LGTBI el hecho determinante de su singularidad es que sus prácticas sexuales no pueden estar enfocadas a la reproducción de la especie, exceptuando las de las personas bisexuales, en la vertiente de  sus relaciones heterosexuales, que, por otra parte, nadie cuestiona. Esta singularidad no debe de resultar condenable bajo ningún concepto; al fin al cabo, también la  mayoría de las personas heterosexuales suelen mantener relaciones sexuales para experimentar el placer que procuran, con mucho más frecuencia que por atender a la reproducción de la especie. No por eso están siendo objeto de condena, fuera de los círculos religiosos más integristas.

En conclusión, la garantía de los derechos de las personas pertenecientes a los colectivos LGTBI solo podrá ser efectiva a nivel planetaria, revindicando el derecho de toda persona a mantener cualquier tipo de relaciones sexuales consentidas, sin necesidad de alterar la condición registral de su género fisiológico en un ámbito binario sino brindando a las personas trans la opción de identificarse y reivindicarse como tal. Esto supone, ajustar la legislación a la realidad social que evidencia que la población está compuesta por hombres, mujeres y una minoría transexual, femenina y masculina. Así de sencillo. 

Es partiendo de este reconocimiento, que supone una aceptación plena y coherente de la realidad, apelando a la libertad y a la igualdad irrenunciable entre todos las personas, que se podrá elaborar un marco legal susceptible de recibir el consenso y el respaldo universal que la sociedad planetaria necesita.