La paulatina construcción de la sociedad planetaria implica la necesidad de elaboración de una cultura universal, definitoria de esta sociedad, cuya especificidad, probabilidad y realidad futura, siguen pareciendo todavía, para muchos de nosotros, una autentica enigma.
A la postre, los artistas del nuevo Arte son los responsables de inspirar el contenido del concepto, culminando así un salto evolutivo, una nueva etapa del continuo proceso de transformación que anima las culturas particulares, en sintonía con el proceso de construcción de la sociedad planetaria, al que no referimos en anteriores textos publicados en este blog.
A lo largo de este nuevo texto, vamos a intentar de clarificar los términos que conforman el concepto de cultura universal, con el objetivo de trazar una vía consistente para el actuar de los nuevos artistas, dentro del proceso global en curso, de construcción de una sociedad planetaria.
1 - QUE ENTENDER POR CULTURA
La RAE ofrece varias aceptaciones de la palabra. Una de ellas reza: "Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.". Por nuestra parte nos parece acertado decir: "Cultura no es otra cosa que Arte de vivir, en un entorno concreto y determinado".
En otra definición la RAE afirma que cultura es "un conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico". Efectivamente, no cabe duda de que el Arte de vivir se nutre de conocimientos. De la misma manera que el conocimiento, en su totalidad, se nutre del Arte en general y de la Ciencia en su conjunto, desde los albores de la existencia del genero humano.
Por tanto, cada cultura particular se entiende como propia de una población, reunida en sociedad y estrechamente ligada a un territorio. Como tal, los conocimientos que encierra se vinculan directamente con la historia de esta población, con el o los idiomas que comparte y con las especificidades del territorio que la acoge: su climatología, su orografía, su flora y su fauna. Son estos últimos elementos los que determinan los aspectos básicos de toda cultura: elementos materiales, como la arquitectura, la gastronomía o la vestimenta y elementos espirituales, como el lenguaje, las tradiciones o la religión.
Cualquier cultura, como realidad inscrita en el proceso de transformaciones incesantes, y por tanto de evolución constante, del conjunto del universo, es asimismo un elemento dinámico que se va modificando con el paso del tiempo, en función del avance, desarrollo e inevitable actualización, del corpus de los conocimientos que encierra y la definen.
Sin embargo, esas numerosas culturas, repartidas por el planeta, no están constituidas exclusivamente por un conjunto de conocimientos certeros, aptos para que todos puedan disfrutar de la vida en un entorno concreto, sino que, en mayor o menor medida, suelen albergar elementos inciertos, ignorancias manifiestas, cuando no, ideas y prácticas claramente trasnochadas. Este hecho se hace cada día mas evidente en razón del avance de unos descubrimientos científicos que invalidan de modo irrefutable muchos de los supuestos que sustentan determinadas tradiciones culturales.
La construcción de una sociedad planetaria, implica pues un intenso proceso de elaboración de una nueva cultura, que asuma la vigencia ineludible de las certezas establecidas por la ciencia, que involucre a toda la humanidad como genuina población del territorio planetario, siendo llamada a prevalecer y a definir esta sociedad, mas allá de todas las culturas particulares ahora existentes. Es esta nueva cultura en desarrollo que llamamos cultura universal y que debe de responder a unas circunstancias vitales de dimensión planetaria, comunes a todo ser que nace en el mundo de hoy, caracterizado por la existencia de un conjunto de culturas locales cada día mas fuertemente interconectadas e interdependientes.
2 - QUE ENTENDER POR CULTURA UNIVERSAL
Hace tiempo que antropólogos y sociólogos han identificado los llamados "universales culturales", elementos de la cultura, la sociedad, el lenguaje, el comportamiento y la mente, que comparten todas las sociedades humanas, sin llegar sin embargo a acotar de forma unánime su ingente complejidad.
Pero no cabe duda de que el conjunto de estos "universales" constituye una base sólida para la elaboración de la cultura universal, que la actual construcción de la sociedad planetaria reclama. En cualquier parte del mundo el ser humano tiene semejantes necesidades para poder vivir: nacer, crecer, desarrollar y realizar su proyecto de vida (su sueño) e incluso morir, sea cual sea la cultura que identifique la sociedad a la que pertenece.
Por tanto, una cultura universal tendrá que incorporar la atención generalizada a estas necesidades básicas, comunes a toda la humanidad. Y lo hará de forma natural, asumiendo la implementación sin restricciones de los derechos fundamentales suscritos por los gobiernos representados en la Organización de las Naciones Unidas, la ONU. Se trata básicamente de derecho a la vivienda, a la alimentación, a la salud, a la educación, a la seguridad, a la igualdad y a la justicia. Estos derechos se complementan con los derechos humanos destinados a asegurar políticamente su efectividad y a constituir el autentico corazón de la cultura universal planetaria.
Incansablemente, en todos los países, los nuevos artistas abogan, unánimes, por la implementación sin restricciones de los derechos humanos, a todos los niveles de organización socio-política, individuales y colectivos, introduciendo asimismo estos conceptos en la cultura propia de su sociedad particular, facilitando así su confluencia con la cultura universal.
Esta es una importante tarea, fundamental, que resulta ardua y muchas veces incluso peligrosa para sus protagonistas. En efecto, a la aguda crisis que evidencia el estado actual del proceso de construcción de la sociedad planetaria, derivada del enfrentamiento sin cuartel entre dos bloques de países, principales protagonistas del consejo de seguridad de la ONU, se suma otro tipo de conflicto, que se ha venido a llamar "guerra cultural".
3 - UNA GUERRA CULTURAL A ESCALA PLANETARIA
Sin embargo, los conflictos relacionados con la cultura, a diferencia de la mayoría de los conflicto militares o económico-financieros, se producen al interior mismo de cada una de las sociedades particulares, de cada cultura local. Esquemáticamente y políticamente, se definen en todas partes dos bandos enfrentados: los supuestos sectores progresistas, o "de izquierda", y los supuestos sectores conservadores, o "de derecha".
Los ejes fundamentales de esta guerra cultural son bien conocidos. Y realmente se pueden sintetizar en dos ámbitos esenciales:
- El primero deriva por completo de posturas divergentes en relación con el principio de estricta igualdad entre todos los seres humanos. Este principio, que la ONU establece como derecho humano y que, por tanto, deben de suscribir todos los gobiernos de los países miembros de la organización, choca frontalmente con el carácter patriarcal, los diversos conceptos clasistas y los reflejos racistas que impregnan a la practica totalidad de las culturas locales.
A este respecto, conviene recordar que la distinción fundamental, en términos políticos, entre izquierda y derecha, desde la aparición de estos conceptos en la asamblea nacional constituyente francesa de 1789, radica precisamente en una visión divergente del principio de igualdad.
La postura de la derecha ha sido resumida irónicamente por la sentencia: "Todos somos iguales, pero algunos son mas iguales que otros".
A partir de ahí, sin embargo, no es raro descubrir, en todas las sociedades, personas que se definen políticamente de izquierda actuando, de hecho, en conformidad con este curioso concepto de igualdad... y viceversa, gente con supuesta ideología de derecha, abogando por una estricta igualdad de todas las personas. Así de confuso se presenta, en la actualidad, el panorama ideológico de la cultura política entre la población mundial.
- El segundo ámbito de la guerra cultural tiene un componente mayor en todo lo que se deriva de la actual crisis climática que afecta el planeta, con especial incidencia en las perspectivas de futuro sostenible y que pone en entredicho los modelos de sociedad basados sobre la explotación sin limite de los recursos naturales. Desde hace décadas, la preocupación por la conservación del medio-ambiente alimenta intensos conflictos en el seno de todas las sociedades, enfrentando los movimientos de carácter ecologista con sectores vinculados a poderosos intereses económicos. En este campo también los protagonismos políticos se encuentran divididos, incluso en el mismo seno de las izquierdas como de las derechas.
Esa guerra cultural, que se produce a escala planetaria y dentro de cada sociedad, reviste diversas formas, en función de la realidad socio-política propia de cada país. Pero en todos ellos, hay un frente mayor que concierne directamente a la mitad, por lo menos, de la población mundial: las mujeres. En efecto, no hay mas remedio que hablar en primera instancia, de una realidad omnipresente y transcendental: la revolución feminista y sus derivadas.
3 - 1 LA REVOLUCIÓN FEMINISTA
La consecución de una igualdad real entre hombres y mujeres es el objetivo principal de la lucha feminista en el seno de todas las culturas. Después de la abolición de la esclavitud, de la lucha de clases que dio lugar a una expansión sin precedente de las clases medias, la lucha por la igualdad de los géneros es, en la actualidad, el motor principal de una revolución cultural a escala planetaria.
De ella se derivan varios conceptos, además de la igualdad de derechos con la población masculina. El derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo plantea el tema del aborto y del derecho a la vida. El derecho a la libertad sexual plantea la cuestión de los géneros sexuales y de los modelos familiares. Todos estos temas son de carácter cultural y alimentan largas controversias en las sociedades actuales y todos deben de abordarse desde la perspectiva firma de respecto a todos los derechos humanos.
El articulo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humano, del año 1948, reza lo siguiente: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros."
Y sin embargo, al día de hoy, la fraternidad dista mucho de reinar entre los seres humanos. Numerosos son todavía los países donde las mujeres no tienen los mismos derechos, ni gozan de las mismas libertades, ni de la misma dignidad, que la población masculina. Esta realidad es la que alimenta ostensiblemente la lucha feminista a nivel planetario. Y esta lucha se enmarca naturalmente dentro del desarrollo de la cultura universal, donde la esencial igualdad entre todos los seres humanos es irrenunciable.
Esta igualdad, no solo se revindica para las mujeres, sino también para todas las minorías, étnicas, religiosas, sexuales y cualquier otro colectivo objeto de discriminación. Solo con la implantación de una cultura universal igualitaria estarán llamadas a desaparecer las victimas del racismo, del clasismo, de la xenofobia, de la violencia de género, del fanatismo religioso, del nacionalismo exacerbado, de la guerra y del odio.
Muchas, o quizás la totalidad, de las culturas que el feminismo tiene que combatir son consubstanciales con largas tradiciones religiosas, con su rica colección de costumbres, tradiciones, ritos, dogmas, reliquias y esplendidas obras de Arte. Es el caso, entre muchas otras, de las 3 grandes religiones monoteístas que, desde su origen común, la famosa costilla de Adán, otorgan un papel secundario a la mujer. Y de hecho, los actuales países con regímenes políticos de marcado perfil religioso son los que mas severamente marginan a su población femenina. Esta realidad lleva a plantear el papel de las tradiciones religiosas en la cultura universal.
3 - 2 EL PAPEL DE LAS RELIGIONES EN LA CULTURA UNIVERSAL
No se puede hablar de cultura sin mencionar a las tradiciones religiosas que son uno de sus mayores pilares intelectuales y espirituales. Las religiones también determinan el concepto de civilización y han sido, a lo largo de la historia de la humanidad, las fuentes objetivas de numerosos conflictos sangrientos. Las pretensiones universales de sus respectivos credos los sitúan de nuevo en el corazón de la actual guerra cultural en curso, habitualmente como soporte de las posturas mas conservadoras, opuestas, entre otro, a una revolución feminista que acotan su autoridad y por tanto su capacidad de poder global.
Sin embargo la cultura universal no exige la desaparición de las manifestaciones culturales de carácter religioso sino, en todo caso, su necesaria actualización. Los principios de libertad e igualdad que asisten a todo ser humano, garanticen a cualquier creyente el derecho a vivir su vida guiándose por las normas que profese su particular credo. Lo que ya no puede seguir siendo de recibo, es que estas normas de carácter religioso sean impuestas, sin mas, a todos los miembros de una sociedad, compartan o no los postulados de una determinada fe. Este simple hecho es una violación flagrante de los derechos humanos.
En definitiva, la cultura universal remite las culturas religiosas al ámbito privado de las personas, como derecho inalienable a la libertad espiritual, y exige por tanto un trato en igualdad, de facto, entre todas las creencias de las personas, a nivel público e institucional. En este aspecto no puede haber privilegios o excepciones y menos, por tanto, discriminaciones, ni positiva, ni negativa.
En el aspecto individual, en una cultura universal basada sobre la igualdad real entre hombres y mujeres, nada impide por ejemplo, que, por propia voluntad y por convicción religiosa, una mujer decida someterse en todo, a los mandatos de su padre, de su pareja o de su marido. De la misma manera, el derecho fundamental a la libertad sexual incluye tanto el derecho a mantener cualquier tipo de relación sexual consentida, como a observar la mas estricta abstinencia o castidad.
Sobra decir que, en una cultura universal, los derechos que asisten a las personas les otorgan plena libertad para vestirse y alimentarse como les dé la gana, sin que ningún estamento religioso, ni político, pueda interferir, de ninguna manera, en sus decisiones al respecto. Estos derechos básicos, tan simples y de alguna manera tan obvios, disten mucho todavía de ser respectados, ni formalmente ni realmente, en muchas de las naciones que integran la ONU. De allí la existencia de esta guerra cultural candente a nivel planetario, de la que depende, en su esencia, el avenimiento de la cultura universal.
3 -3 El FRENTE DE LA NATURALEZA
La revolución protagonizada por los movimientos ecologistas es otro frente abierto de la guerra cultural. Viene espoleada por la actual crisis climática que es percibida con criterios dispares y antagónicos en todas las sociedades. En esencia, plantea sencillamente el tipo de relación que el ser humano establece con la naturaleza, el conjunto de un planeta que es su única morada.
Hay una sentencia, que se suele atribuir a las culturas llamadas primitivas y afirma que: "la naturaleza no pertenece al ser humano sino que es el ser humano quien pertenece a la naturaleza". Claramente esta opinión es corroborada diariamente por los descubrimientos de la Ciencia, en todas sus ramas, y sustenta el pensamiento del movimiento ecologista.
La característica principal del ser humano es la de ser un ente soñante, capaz de modificar y transformar su entorno para unos fines determinados por su anhelo y voluntad. Son todos los elementos que conforman la litosfera, la hidrósfera, la atmósfera y la biosfera, que el ser humano puede manipular a su antojo, para desarrollar su proyecto de vida, para realizar su particular sueño.
4 - LOS NUEVOS ARTISTAS: PROTAGONISTAS DE LA CULTURA UNIVERSAL
Por eso, los artistas, por medio de sus obras y actos, han sido y siguen siendo, los protagonistas esenciales de cualquier cultura, tanto de carácter divino como pagano. Este hecho no constituye ningún privilegio, sino una tremenda responsabilidad, de la que el artista tiene que ser plenamente consciente. Si hablamos de nuevos artistas, es porque resulta evidente que muchos de las personas que, en todas las sociedades particulares, se revindican o son reconocidos como artistas, distan mucho de valorar plenamente cual es su esencial cometido.
La creatividad es una de las características esenciales de la actividad artística, aunque muchos artistas sean, de hecho, meros interpretes de obras creadas por otros. Como es sabido, muchas obras necesitan ser interpretadas para cumplir con su propósito. Así que las diversas disciplinas artísticas dan cabida a unas muy variadas clases de artistas, cada uno ejerciendo un papel determinado y desarrollando una actividad especifica. Ningunos de ellos pueden ser considerados como nuevos artistas si carecen de conciencia de la dimensión global, planetaria, de su labor.
Los nuevos artistas se sitúan en la primera linea de la guerra cultural en curso. Apoyan cada una de las luchas que se derivan de la reivindicación de la igualdad sin excepciones entre todos los seres humanos. Apoyan la integración armónica del ser humano en la naturaleza, con un respecto exquisito a todo ser viviente, animal o vegetal. Apoyan la investigación científica, como fuente insustituible de conocimiento verdadero del conjunto el universo, con criterios muy claro respecto a lo que son verdades comprobadas y las que no pasan de ser meras hipótesis de trabajo aún sin confirmar.
Los nuevos artistas sin embargo no consideran que la ciencia sea la única fuente de conocimiento valida para el ser humano. La naturaleza misma de su actividad creadora, del Arte, le permite valorar la importancia de la inspiración, de la intuición, de la meditación, de la contemplación, del trance místico y de una serie de experiencias muchas veces definidas como "para-normales".
Todas esas características, que constituyen la esencia de la actividad de los nuevos artistas, permiten diferenciarles claramente de los artistas que nuestra fundadora, la poeta y rapsoda MAAM, definía como adeptos de un Viejo Arte, vencido por la Soberbia, la Codicia, la Envidia o la Ira. Vemos así que la guerra cultural en curso, que preludia la emergencia definitiva de la cultura universal, también tiene un frente abierto entre los propios artistas.
Finalmente, no albergamos dudas algunas respecto al desenlace final de esta guerra cultural en curso. La cultura universal que acabamos de esbozar terminara, tarde o temprano, por prevalecer sobre todas las culturas particulares existentes. Su avenimiento queda garantizado por la evolución constante del ser humano, enmarcada en el desarrollo imparable de una noosfera generadora de la consciencia universal que esta cultura universal evidentemente precisa.
Vincent J.M. Biarnès - 2025